| Los castores son los ‘ingenieros del río’, mamíferos que presentan una inquietud constructora que ha despertado un enorme interés en nosotros, los humanos, por esas cualidades que les hacen tan diferentes al resto de los roedores de la Naturaleza. No sé si lo sabes, pero los castores son los roedores más grandes del planeta después del capibara, y aunque lo normal es que un adulto llegue a pesar dieciséis o diecisiete kilos, se han encontrado ejemplares que han superado los treinta y cinco. Su mayor virtud, esa “sonrisa” que deja asomar unos fuertes incisivos anaranjados que utiliza como herramienta para sus construcciones. Con ellos roe la madera, de la que también se alimenta, un adulto puede cortar con facilidad un tronco de más de treinta centímetros de espesor en menos de quince minutos. ¡Y sólo ayudado de su dentadura! Como pasa con los demás roedores, a los castores nunca dejan de crecerles sus dientes, que en verdad son de vital importancia para desarrollar su función dentro de la Naturaleza. Como ya imaginas, ese crecimiento se ve compensado por el desgaste constante a que se somete en su labor diaria. VIDA ACUÁTICA Son animales sociales. Así, se organizan en colonias de hasta diez o más congéneres. El agua es su lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo. Su comunidad es como un vecindario en pleno río, es raro verles dar un paseo por la tierra. Es su peculiar manera de vivir lo que más nos llama la atención, esa necesidad de habitar en un cauce es la que da brillo a su afán por las ‘obras’, por reformar su entorno, por adaptarlo a su modo de vida. Buscan siempre zonas profundas (de más de 1 m.), pero como nunca se conforman, construyen diques con los troncos que cortan, con ramas de árboles y con barro, para dar más fondo a sus ciudadelas amuralladas. Cuando llega la primavera y durante todo el verano, comienza su mayor índice de actividad. Entonces, al caer la tarde, se ponen a la tarea de tala y recolección de las viandas para reponer su despensa. La recogida y almacenamiento del alimento se prolonga hasta el final del otoño, lo que conjugan en incesante labor con los arreglos que deban hacer en sus madrigueras o en los diques. Además, de cara al frío del invierno, cubren de fango sus casas para que cuando su humedad se congele y endurezca, sirva como defensa frente a los predadores que puedan perturbar su descanso, que el duro invierno es para estar en casita. Obsesionados por mantener saludable su ecosistema, trabajan duro en ese ímpetu constructor, si bien muchas veces parece que tienen zonas totalmente alteradas. La realidad es que este mamífero participa activamente en la creación de humedales, punto de encuentro y residencia de otras tantas especies que también lo aprovechan. Podríamos decir que son los animales que más modifican su entorno.
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario